Conduciendo al límite: 100 Colls con el neumático Battlax T33
En teoría, el reto de los 100 Colls parece sencillo: en 48 horas, recorrer tantos puertos de montaña como sea posible en el sur de Francia y Cataluña. En realidad, es una prueba de resistencia extrema tanto para el piloto como para la máquina. 100 Colls no es una ruta organizada al uso, sino una especie de juego de montaña motorizado para fanáticos, estrategas, adictos a la carretera y motoristas que buscan lo inesperado.
Aceptamos el reto montados sobre una BMW R 1300 GS Adventure, equipada con los neumáticos Battlax T33 de Bridgestone. Y esa elección resultó ser más decisiva de lo que jamás imaginamos.
Lluvia, sol, frío y calor.
Cuando una tormenta te despierta a las 5:30 de la mañana y horas después te encuentras conduciendo entre una niebla cargada de relámpagos, te das cuenta: aquí es donde tus neumáticos se ganan la vida. Los T33 funcionaron a la perfección. Asfalto mojado, grava, curvas cerradas, descensos agresivos: los neumáticos ofrecieron constantemente una respuesta estable y tranquilizadora. Un momento se nos quedó grabado: una reacción brusca en un paso de cebra podría haber salido mal, pero el neumático, y la electrónica del BMW, lo aguantaron.

Persiguiendo puntos, persiguiendo curvas
Con un mapa lleno de puertos de montaña, clasificados de verde a negro por dificultad, la eficiencia lo es todo. Pero, al final, lo importante sigue siendo la conducción. En algunos tramos, te encuentras con un ritmo perfecto, curva tras curva, sobre asfalto fresco que aún huele a aceite. Otras veces, te lanzas a la persecución, como cuando una Ducati Streetfighter V4 S me adelantó en el Col d'Ares. Lo que siguió fue un sprint imprevisto, y la gran GS, con sus neumáticos Bridgestone, bajó la montaña como una moto de la mitad de su tamaño. Sin vibraciones y sin drama. Precisión milimétrica, incluso con las alforjas llenas y a un ritmo acelerado.

Zorros, víboras y furgonetas Kangoo de rally
Entre cuesta y cuesta, los Pirineos ofrecen sorpresas. Pueblos vacíos, ciervos surgiendo de la nada, e incluso un zorro custodiando la cima de una montaña como si fuera suya. Una curva cerrada más tarde, una víbora tomando el sol en el pico. Y entonces ese momento inolvidable: perseguir a un Renault Kangoo de primera generación por curvas floridas, con chispas saliendo del escape mientras el piloto sacaba a relucir su as del rally. Solo podía reírme dentro del casco y seguirle el ritmo. En momentos así, te das cuenta de cuánto dependes de lo que tienes debajo. ¿Los T33? Confianza absoluta, en cada marcha, en cualquier superficie.

El reloj se detiene el domingo, pero el viaje continúa
A las 13:00 en punto, se supone que debes llegar a un punto de control designado. Al final del tercer día de ruta, llegamos con… siete minutos de sobra. Todavía con energía tras una parada de última hora para repostar y una última batalla en carretera con un viejo Honda Accord. ¿La ceremonia de clausura? Cena en un monasterio restaurado, historias fantásticas, risas compartidas y una sala llena de pilotos exhaustos pero eufóricos. ¿Pero el verdadero premio? Esa profunda y persistente satisfacción de esforzarte al máximo durante tres días de conducción implacable: curva tras curva, adelantamiento tras adelantamiento. Y durante todo ello, rodando con neumáticos que simplemente no flaquearon. Sin fuegos artificiales y sin alboroto. Solo un neumático de sport-touring que hace el trabajo con tanta facilidad que te olvidas de que está ahí, hasta el momento en que realmente lo necesitas.
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